Putin, el crítico criticado

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Dmitri Polikárpov, corresponsal de El Periódico en Moscú, explica cómo los artistas del cómic responden al creciente intervencionismo del Kremlin. Un concurso de caricaturas supone la respuesta de este colectivo de humoristas a las quejas del primer ministro, Vladimir Putin, que se siente criticado en exceso.

 

Esta es la crónica:

 

caricatura.jpgImaginar al primer ministro ruso, Vladimir Putin, como personaje que inspira un concurso nacional de caricaturas requiere mucha imaginación. Dada la enorme popularidad del jefe del Gobierno, a quien adoran más del 70% de los rusos, ponerle en ridículo en público supone un riesgo para simples mortales.


Cabe recordar que a pesar de que desde hace más de un año ya no es presidente, Putin no dejó la costumbre de comportarse como el verdadero número uno. Con lo cual, una viñeta que no le guste al jefe le puede costar muy cara a su autor. Lo acaba de comprobar en sus carnes un caricaturista que hace poco publicó en internet un retrato de Putin vestido de mujer que se preguntaba mirándose al espejo: «¿A ver si me presento para un tercer mandato?». La fiscalía rusa prepara una causa legal contra el dibujante impertinente, mientras la policía local ya le ha detenido y ha embargado algunas de sus obras por infracciones que no tienen nada que ver con el caso.


Desde el principio de la era comunista, ser artista de éxito en Rusia ha sido un reto. Además de crear obras maestras, un requisito imprescindible de un gran artista ha sido saber construir buenas relaciones con el poder. Uno de los efectos colaterales de esos vínculos ha sido la necesidad de respetar los consejos y sugerencias de los líderes políticos. Varias obras maestras de la época de Stalin llevan las marcas de sus correcciones.


Los tiempos cambian, pero, al parecer, no las costumbres arraigadas. La reciente visita de Putin a la galería moscovita del pintor Ilia Glazunov resucitó a modo de parodia las escenas del pasado comunista.

 

Atento a la corrección



El primer ministro, que había ido a felicitar al artista por su 79 cumpleaños, de repente comenzó a someter sus obras a críticas. Se acercó a un cuadro en el que aparecía el príncipe ruso Oleg con su hijo Igor en brazos. El hijo mayor de Glazunov, Iván, posó como modelo de Igor. «Esa espada es demasiado pequeña. Parece un cuchillo para cortar salchichón», reprochó Putin. «Está usted muy atento al detalle. No se preocupe, lo voy a corregir»,le contestó el artista, visiblemente preocupado.


Esa breve conversación dejó boquiabiertos a todos los invitados. Pero Putin ya había tomado el gusto a las críticas artísticas. Llamó «unos pachuchos» a los santos Boris y Gleb de otro cuadro y les acusó de «no ofrecer resistencia a los enemigos». Además, opinó que había que separar a Stalin de Trotski, refiriéndose a una gran pintura histórica.


Desde su entrevista con Putin, Glazunov se ha negado a comentar las críticas del primer ministro dirigidas a sus obras. «Estoy muy contento de haber recibido esa visita. Ha sido un honor», reitera una y otra vez. Si el pintor cumple su palabra y realmente corrige el tamaño de la espada en su cuadro, será una especie de récord. El hecho es que la pintura en cuestión es del año 1972 y sobrevivió intacta a tres líderes comunistas.


Los comentarios de Putin causaron tantos ecos en la sociedad rusa que la radio Eco de Moscú convocó la semana pasada un concurso de viñetas que ilustren ese encuentro del primer ministro con el pintor. Uno de los montajes más graciosos (en la foto de abajo) muestra al príncipe Oleg con la cara de Putin. Este sostiene con la mano izquierda a un niño con el rostro sonriente de Dmitri Medvédev, el actual presidente ruso.


Esa no era la primera crítica artística de Putin. A principios del año visitó un reputado teatro moscovita para ver el estreno de una obra clásica rusa. En el entreacto dijo ante las cámaras de la televisión nacional que no le había gustado la interpretación del personaje principal que ofreció el director. «Es un llorón. No es un buen ejemplo a seguir y no aporta nada a la formación» de un ciudadano, opinó el dirigente.


El comentario de Putin no cayó en saco roto. «Respetamos la opinión del primer ministro porque es un espectador privilegiado», dijo un portavoz del teatro. Si un día a Putin se le ocurre volver a ver la obra, se dará cuenta de que el personaje llora menos.

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