Rusia y la Unión Europea no resolvieron este viernes sus discrepancias sobre energía, seguridad internacional y relaciones con sus vecinos comunes, informa El País. Pero en su cumbre en Jabárovsk, en el Lejano Oriente ruso -nueve horas de diferencia horaria con Bruselas-, marcaron cauces para un debate que en esencia se centra en los deseos de Moscú de revisar radicalmente instituciones comunes surgidas en los 90 -el Tratado de la Carta de la Energía y una arquitectura de seguridad europea dominada por la OTAN- y la voluntad europea de mantenerlas con posibles adaptaciones a lo sumo.
Este acuerdo regula, entre otras cosas, el transporte de energía para garantizar la seguridad del suministro de la UE y las disputas que puedan surgir, como la que enfrentó a Rusia y Ucrania en enero pasado y dejó sin gas a varios países de la UE.
Medvédev considera que no hay que "echar la Carta a la papelera", sino utilizarla para "un nuevo acuerdo" o para "una nueva versión". A este efecto, Medvédev presentó en abril en Helsinki sus propias propuestas. Los europeos, por su parte, defienden la Carta Energética, pero están dispuestos a considerar modificaciones. En el documento de Medvédev "hay cosas que podemos aceptar y otras no", dijo Javier Solana, el alto representante de la política exterior y de seguridad de la UE. "Han surgido elementos para discutir y eventualmente integrar propuestas rusas en una revisión global del acuerdo actual", manifestó Solana.
Un proceso hasta cierto punto paralelo se abre también a los temas de seguridad. Medvédev, que en 2008 propuso en Berlín una nueva arquitectura de seguridad europea, insiste en que se celebre una conferencia internacional sobre este tema. La UE acepta la discusión que, de entrada, se canalizará a través de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y continuará con una reunión de ministros de Exteriores en Corfú en junio.
El diálogo no disuelve los huesos de la relación entre Moscú y Occidente, como la ampliación de la OTAN, el emplazamiento de elementos del escudo antimisiles norteamericano en Polonia y la República Checa. Pero en tiempos de crisis y con problemas tan graves como la situación en Afganistán, ni Moscú ni Bruselas quieren ahondar en las diferencias.
Una de ellas es saber quién tiene más interés en financiar las importaciones de gas de Ucrania. Medvédev pidió a la UE que ayude a sindicar un crédito para que Kiev pueda pagar a Gazprom los 4.000 millones de dólares que cuestan los 19.400 millones de metros cúbicos de gas que ha de bombear en sus depósitos para que los ucranios y también los europeos afronten el invierno con seguridad. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, pidió a Rusia y a Ucrania que eviten una nueva crisis el año próximo y subrayó que la UE ha propuesto un mecanismo para prevenirlas a tiempo.
En lo que se refiere a los países vecinos -los seis poscomunistas (Azerbaiyán, Bielorrusia, Ucrania, Armenia, Moldavia y Georgia) con los que la UE ha formado la Asociación Oriental-, el presidente ruso dijo que no ve del todo "claro" cómo se desarrollará la colaboración y señaló que algunos de los implicados la consideran una "asociación contra Rusia".
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