Claro y contundente es el articulo que publica Llibert Ferri, un periodista valiente que expresa sus ideas libremente sobre lo que acontece en Rusia. Este artículo lo ha publicado en el semanario en catalán El Temps y dice así;:
"Ningún estallido social, el nerviosismo se desvanece, los indicadores económicos mejoran y el optimismo se extiende. Esta podría ser la síntesis de los análisis sobre la coyuntura económica rusa que acaba de publicar el periódico Izvestia. Hay cosas que no cambian nunca. Izvestia, que desde los tiempos soviéticos siempre ha estado a la sombra del poder ejecutivo, y pendiente de de sus necesidades de propaganda, se dedida ahora, claro, a difundir las buenas expectativas conseguidas gracias al buen gobierno de Vladímir Putin. Expectativas que se basan, sobretodo, en el hecho que el precio del petróleo se mantiene a 50 dólares el barril ―no ha bajado más― y, también, que parece que la producción industrial haya repuntado por primera vez en cuatro meses. Con valoraciones tan generales como poco precisas, Izvestia rechaza meterse en la situación de sectores que continúan hundiéndose, como el comercio, la construcción y el transporte.
El optimismo del gobierno ruso extendido por Izvestia ha llegado cuando, pocos días antes, un análisis del New York Times alertaba del difícil y peligroso endeudamiento que acosa a los llamados oligarcas, los burócratas que se hicieron millonarios durante el proceso de privatización fraudulenta de la propiedad soviética. El Banco Central de Rusia mismo calcula que los magnates ―algunos, casi arruinados― tendrán que devolver al estado más de 128.000 de dólares sólo este año. Y nunca como ahora los oligarcas no se habían mostrado tan obedientes y pendientes de obtener la protección del Kremlin. Una coyuntura que sitúa al poder ruso en una aparente situación de privilegio, de control total, de ser casi el amo de todo, el gestor de un monolítico capitalismo de estado. Pero el privilegio del Kremlin podría ser sólo eso, aparente. Porque ahora el gobierno de Putin tendrá que esforzarse para conseguir fondos para evitar la bajada del rublo y apuntalar los presupuestos. Y estos fondos tendrá que sacarlos apretando físicamente a las clases medias, especialmente a la frágil pequeña y mediana empresa. De todo esto no habla Izvestia.
Ya a finales del año pasado, los observatorios económicos más rigurosos coincidían en la profundidad y el mal pronóstico de la recesión rusa. The Economist preveía la peor crisis económica des de la fallida de 1998, o hasta desde la llegada del capitalismo en 1992. Rusia necesitaría inversiones occidentales, pero hace falta ver quien osa poner dinero en un país capaz de cerrar el grifo del gas y de desafiar la legalidad internacional con dinámicas de guerra fría, como se vio el verano pasado en Georgia".
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