Llibert Ferri, uno de los periodistas españolas que mejor conocen la realidad de la Rusia actual, escribe en su columna habitual del semanario en catalán El Temps sobre la política seguida por Medvedev y se pregunta si realmente se aparta de lo que representaba Putin en la presidencia.
En un párrafo escribe que "Medvedev comenzará a ser creíble cuando por iniciativa personal y arriesgándose a hacer enfadar al amo, intente modiificar el duro régimen de internamiento del magnate Mijail Jodorkovsky al que Putin hizo detener y encarcelar en Siberia porque sabía que era su rival político más potente".
Este es el artículo íntegro:
El talante de Medvedev
Llibert Ferri
Dimitri Medvedev se va desmarcando de su tutor y compañero de tandem Vladímir Putin? Algunos ambientes políticos y medios de comunicación lo piensan, después del encuentro que el presidente de Rusia tuvo el 15 de abril con representantes de grupos de defensa de los derechos humanos. Una reunión en la cual ―según los asistentes― el comportamiento de Medvedev parecía más el de un científico social en un simposio que no el de un hombre del Kremlin. Medvedev escuchó activamente, preguntó y no eludió hablar de la corrupción ni de los tropiezos administrativos a las ONG. Y el presidente confirmó algunas de estas reflexiones en una entrevista en Novaia Gazeta, el semanario donde trabajaba la asesinada Anna Politkóvskaia. La atmósfera de diálogo generada, pues, por Medvedev queda lejos del clima de tensión y de confrontación que provocaba cualquier contacto con Vladímir Putin.
Desde que fue elegido para sustituir a Putin, siempre ha planeado sobre Medvedev la incógnita medio descubierta, o la certidumbre incompleta, sobre el potencial liberal y democrático del presidente. Que proviniera de medios profesionales alejados de la oscuridad del KGB siempre ha sido esperanzador para los resignados que creen en la capacidad de mutación del régimen de Putin. Una representante de este posibilismo, Ella Panfilota, estaba presente en la reunión de Medvedev con los activistas. Panfilova es la jefa del consejo presidencial de relaciones con la sociedad civil, y fue ministra de Asuntos Sociales con Ielstin. Es una mujer entusiasta y animadora de todas aquellas iniciativas cívicas salidas al margen del estado... Como si la sociedad civil pudiera estimularse y tutelarse desde el poder y, a la vez, mantener su naturaleza de libertad y de autonomía intrínseca.
El buen talante de Medvedev y las buenas intenciones de Panfilova mejor que estén, pero hoy por hoy no son garantía de nada. Haría falta preguntarse hasta qué punto, en este tandem del Kremlin con roles preasignados, a Putin ―el policía malo― le toca ahora callar a raíz de las dificultades económicas, mientras que a Medvedev ―el bueno a quien no le acaban de dejar ser demócrata― le corresponde dispersar señales de interlocución y concordia para conjurar o neutralizar posibles estallidos de malestar. Medvedev empezará a ser creíble cuando, por iniciativa personal y arriesgándose a hacer enfadar al amo, intente modificar el duro régimen de internamiento del magnate Mikhaïl Khodorkovski que Putin hizo detener y encarcelar en Liberia porque sabía que era su rival político más potente.
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