Así titula su columna en El Mundo Felipe Sahagún, uno de los perioidstas españoles con más prestigio entre el selecto mundo de los profesionales de la política exterior.
¿Motivo de la columna? La visita de Medvedev, que está dando mucho juego estos días:
Acudí a la página del ministerio español de Asuntos Exteriores (mae.es) a las 9 de la mañana del lunes, 2 de marzo, para comprobar qué información ofrecía sobre
la primera visita de Estado a la UE del presidente ruso, Dmitri Medvédev, a punto de iniciarse. Ni una palabra. La primera noticia de Exteriores llevaba por fecha el 25 de febrero y se refería a la última visita del ministro a Ecuador.
Sin animo de hacer sangre, la información sobre la visita que, a esa misma hora, se podía encontrar en la página de 'La Voz de Rusia' parecía la biblioteca de Alejandría y la del ministerio, una escuela en la Cabrera leonesa en los años cincuenta.
Así es difícil abrigar demasiadas esperanzas en que de la visita de Medvedev, más allá de las buenas palabras y de los acuerdos que se firmen -asociación estratégica, cooperación turística y ferroviaria, memorando entre fiscalías generales, pacto para el tránsito por el espacio aéreo ruso de nuestras fuerzas en Afganistán, acuerdo entre el Banco Ruso de Desarrollo y la Compañía Española de Crédito Estatal...- se avance con rapidez hacia unas relaciones bilaterales normales.
Por normalidad se entiende situar los intercambios comerciales -9.300 millones de dólares en 2008- al nivel propio de la octava potencia económica (antes de la crisis) y una de las cinco grandes potencias mundiales, duramente golpeada por la caída en picado de los precios del petróleo, su principal fuente de divisas, en el último semestre. Sólo Italia, país con el que los gobernantes españoles suelen compararnos con frecuencia, multiplica por diez nuestros intercambios.
Si tenemos en cuenta que el 80% de esos intercambios es el petróleo importado por España, una cuarta parte aproximadamente de nuestras importaciones de crudo (más que el que adquirimos de México (13%) y Arabia Saudí (11%) juntos-, significa que el resto del comercio es prácticamente inexistente.
La explicación de que hasta 1977 no teníamos relaciones diplomáticas no sirve, pues en 30 años los flujos comerciales de la España democrática han dado un vuelco. En el ámbito comercial Rusia sigue siendo -como China, la India e, incluso, América Latina-, asignaturas pendientes. Aunque van mejorando, el turismo (menos de 600.000 rusos el último año) y las inversiones (el 0'02 de las inversiones totales de España en el extranjero) están creciendo a cuenta gotas.
La responsabilidad de ese retraso es tanto o más de Rusia, que sólo ha mostrado interés real históricamente en la RFA, Francia, Italia, el Reino Unido y los EE.UU., como de España, pero choca con la buena imagen de Rusia en España antes y después de la caída del muro de Berlín y con la coincidencia de intereses políticos frente a los principales desafíos de la posguerra fría: terrorismo, independentismos nuevos y viejos, conflictos regionales, crimen organizado y reforma del sistema internacional.
Para mejorar la cooperación política es urgente y deseable que las autoridades rusas frenen el retroceso de las libertades democráticas y la impunidad con las que son perseguidos o asesinados los periodistas más críticos con el régimen. Doscientos cincuenta han perdido la vida en la nueva Rusia. Medvedev reconoce el problema, pero rechaza cualquier responsabilidad de su Gobierno. Nadie espera mejoras espectaculares a corto plazo.
El fracaso del intento de Lukoil de hacerse con el 20% de Repsol en 2008 ha sido un duro varapalo para los rusos, que no pueden o no quieren entender por qué una empresa estatal como la italiana Enel es más fiable que una semiprivada rusa como Lukoil.
Es probable, como ha dicho el presidente de Repsol, Antonio Brufau, que la operación "ya sea historia", pero en el Kremlin, según un alto funcionario ruso, la lección es que "las barreras psicológicas, la demonización y el nacionalismo rancio han podido más en España que los intereses económicos". Los Foros Cívicos están bien, pero sólo si se concretan en cooperación real.
"Rusia, para algunos medios españoles, sigue siendo el enemigo visto por Ramón Serrano Súñer, el culpable de todos los males del mundo", explica el funcionario. "Quizás sea un fenómeno europeo, no sólo español". Para superar esos demonios, sin duda exagerados, España ha multiplicado las visitas oficiales a Rusia. Desde junio del año pasado han viajado a Moscú los Reyes, el presidente Rodríguez Zapatero, el ministro Miguel Angel Moratinos y, en los últimos días, las ministras Magdalena Álvarez y Mercedes Cabrera.
Para superar esos demonios, España y Rusia deben aprovechar la presidencia española de la UE en el primer semestre de 2010 para poner al día la relación Rusia-Unión Europea, que, como se ha demostrado en la ultima crisis por el gas con Ucrania, ha quedado totalmente obsoleta.
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