La visión intelectual de una Rusia libre

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El suplemento Culturas del diario La Vanguardia dedica varias páginas a la visión de los intelectuales y el mundo de la cultura y el periodismo respecto a la Rusia actual, el imperio autoritario reconstruido por Vladimir Putin.

Un interesante testimonio lo aporta el artículo "Visiones de Rusia" fimrado por Xavier Montanyà, donde entremezcla libros recinetemente poublicados y los testimonions de la asesinada Anna Politkovskaya y un ex-combatiente en Chechenia.

Este es el artículo:

Visiones de Rusia

Casi dos décadas después de extinta la URSS, Rusia se presenta, bajo la omnipresencia de Putin, como un neoimperio oscuro o, como mínimo, opaco. Reconstruímos las respuestas literarias, periodísticas y visuales que este universo ha generado en los últimos años

"Este libro trata de Vladimir Putin, pero no como se le suele ver en Occidente, a través de un cristal de color rosa. ¿Por qué resulta tan difícil verlo desde ese punto de vista cuando uno se enfrenta a la realidad de Rusia?  culturas1.jpg

 

  Porque Putin, un producto del más tenebroso servicio de inteligencia del país, ha fracasado a la hora de trascender sus orígenes y dejar de comportarse como el temible coronel que fue del KGB. Sigue clasificando a sus compatriotas que aman la libertad, y no ceja de aplastar la libertad como hizo siempre en su anterior carrera". Son palabras de la periodista Anna Politkovskaya, extraídas de la introducción de su libro La Rusia de Putin (Debate, 2005). En tres años han sucedido muchas cosas. Anna Politkovskaya ha sido asesinada. Putin, a pesar de seguir siendo el hombre fuerte de Rusia, ha pasado a ser primer ministro. El presidente es Dimitri Medvedev, su hombre de confianza y ex presidente de Gazprom, la primera compañía de gas del mundo, una poderosa arma económica, política y geoestratégica, en manos del gigante ruso. Lema de Gazprom: "Los sueños se hacen realidad". Ni más, ni menos.

El pasado mes de agosto las relaciones Estados Unidos-Rusia alcanzaron su punto más tenso desde los tiempos de la guerra fría, a causa de la breve guerra entre Rusia y Georgia - aliada de EE. UU.-por el control de Osetia del Sur. El envío de navíos de guerra estadounidenses al mar Negro, el reconocimento ruso de las independencias de Osetia del Sur y Abjazia, la intermediación de la Unión Europea, que depende muy seriamente del gas ruso, pusieron de manifiesto algo más que un desencuentro entre las dos potencias: la nueva complejidad del tablero geoestratégico, en el que también cuentan la independencia de Kosovo, el escudo antimisiles norteamericano en el norte de Europa, y las ansias expansionistas de Rusia mediante la explotación y control de la distribución de sus recursos energeticos a través de Gazprom y Lukoil que, a su vez, les permite incidir sobre otras multinacionales y gobiernos y avanzar en la penetración internacional del capitalismo ruso de clanes, corrupto e íntimamente vinculado a los intereses del Kremlin. Basta citar el revuelo causado en España con las ofertas de compra de parte de las acciones de Repsol YPF. O la reciente creación en Moscú de la

OPEP del gas.Con Putin, además, Rusia ha hecho el mayor esfuerzo en gasto militar desde el fin de la Unión Soviética, potencial que no ha dudado en exhibir en maniobras navales en las costas de Cuba y Venezuela.

¿Qué realidad se esconde tras la imagen de un Putin implacable, que ha promovido un resurgir del orgullo y el nacionalismo ruso, al mismo tiempo que silenciaba las atrocidades estalinistas impidiendo el acceso a los archivos del KGB a los historiadores? No es fácil de discernir, sobre todo cuando la censura en los medios y la coacción criminal dificultan el trabajo de historiadores y peridodistas. Hace unas semanas, Arkadi Bábchenko, ex soldado en Chechenia, autor de La guerra más cruel (Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores), obra que denuncia la irracionalidad, la corrupción, la tortura y la propaganda, a la pregunta de Víctor-M.

Amela, en la Contra de La Vanguardia,de si temía por su vida, respondió: "Los que mandan están tan alejados de todo, que les da igual lo que escribas. Sólo si tocase el bolsillo de algún alto cargo... Pero ya todo el mundo en Rusia sabe lo que hay: no descubriría nada".

La crisis ha provocado una caída del mercado bursátil ruso del 70% en seis meses. Y ya se han organizado manifestaciones contra el Kremlin, con más de un centenar de detenidos, en Moscú, San Petersburgo y Siberia. El Gobierno y el Parlamento han endurecido el codigo penal y extendido el mandato del nuevo presidente a seis años, estrategia que, según algunos observadores, prepara el retorno de Putin a la presidencia. Mientras tanto, los espectadores del Canal Rossiya han elegido al ruso más grande de la historia: el príncipe Alexander Nevsky, que defendió la patria rusa de las invasiones extranjeras, sobre todo de los alemanes. Nevsky fue inmortalizado por Eisenstein en su obra maestra de épica histórica y propaganda, rodada en 1938, que Stalin pretendía utilizar contra una posible invasión nazi. No en vano, el filme atribuye a Nevsky perlas del tipo: "Rusia nunca nos habría perdonado nuestra falta de virilidad". O "No permitiré que estos perros entren en tierra rusa". No obstante, el pacto ruso-soviético aplazó su estrategia, y Alexander Nevsky se proyectó en todos los cines en 1941, cuando los nazis invadieron la URSS. Curiosamente, en la selección del Canal Rossiya, Stalin ha quedado en tercer lugar. Y el director de cine Nikita Mijalkov, según los lectores de Kommersant Vlast ha sido señalado como uno de los máximos aduladores de Putin del 2008, por su frase: "Doy gracias a Dios por Putin y respeto a Yeltsin por dos cosas que hizo: dejar su carnet del partido en la mesa y llevar al poder a Putin".

Pero, a su vez, la concesión del principal premio de arte moderno de Rusia, el Kandinsky, ha provocado un escándalo al recaer en Alexei Belayev-Gintovt, artista ultranacionalista y militante del partido reaccionario Euroasia. En la ceremonia de entrega hubo protestas airadas y manifestaciones antifascistas, a las que el galardonado, que sitúa sus raíces en la pintura de iconos y el arte de propaganda soviético, respondió: "Mi único tema es la patria, me concentraré en él y mi arte será nuestra grande y él y mi arte será nuestra grande y hermosa patria. "¡Rusia es eterna!".

Hay tensión y discrepancias en la pugna por construir el relato de la realidad rusa de hoy, con que iniciaba estas líneas: "En Rusia, no todo el mundo está dispuesto a resignarse con la conducta de Putin. Ya no queremos seguir siendo esclavos, aunque eso sea lo que más convenga a Occidente. Exigimos nuestro derecho a ser libres". ¿Cómo se percibe esta voluntad en el trabajo de los creadores rusos? ¿Qué Rusia palpita tras lo que nos cuenta la literatura, la imagen y los medios de comunicación .

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