Los camaradas ahora van a misa

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Con motivo de la muerte del patriarca de la iglesia ortodoxa rusa y el nombramiento de su sucesor en la persona de Kiril se ha puesto de manifiesto nuevamente que los actuales jerarcas rusos son gente creyente. Todo lo contrario de lo que adoctrinó el comunismo para el cual, según palabras de Marx, la religión es el opio del pueblo.

Josep Pernau, agudo comentarista de El Periódico, retrata así el particular culto que rinden Putin y Medvedev a la religión ortodoxa:

"La Iglesia ortodoxa rusa ha elegido patriarca supremo y entre las primeras felicitaciones recibidas figuran las de los primeros mandatarios de la Rusia civil: el presidente, Dmitri Medvédev, y el primer ministro. Vladimir Putin. No es un acto de cortesía obligado del poder laico hacia el poder religioso, porque ambos se declaran creyentes y participan en las ceremonias religiosas. Y en la catedral moscovita de Cristo Salvador se les verá a partir de ahora recibiendo la bendición de su santidad el patriarca Kiril, el Papa de los rusos.
Sirvieron a la hoz y el martillo, y ahora sirven a la cruz. Son primeros mandatarios con un pasado. El de Putin es más conocido: fue jerarca del KGB y dirigió el servicio que velaba por la pureza de la ortodoxia del pensamiento marxista-leninista en la Alemania del Este, pues a los germanos siempre se les podía ocurrir volver a las andadas. No parece que simultanearan los dos pensamientos, el público y el privado, que la mano derecha no se enterara de lo que hacía la izquierda. Más bien cambiaron de libro sagrado cuando la caída de los muros al estilo del de Berlín fue irreversible. ¡Ah, si la Iglesia de Roma tuviera un caso así! Pablo de Tarso también sirvió a dos señores, pero entre el primero y el segundo se cayó del caballo y la Iglesia lo elevó a los altares más destacados.
Moscú no reparte títulos como el Vaticano. Pero alguna distinción otorga a los que se han pasado a sus filas, vengan de donde vengan. Al fin y al cabo, el cambio de camisa ha supuesto pasar de 6.674 popes a 22.216 y que los 6.863 templos se convirtieran en 29.263, y esto se ha de agradecer. Los camaradas de abajo han seguido a los de arriba. El patriarca Kiril les recompensará con una bendición pomposa de las que ya no se estilan en Roma".

 

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