Es Alexéi Miller, presidente de la compañía petrolera Gazprom, y para ABC se trata del hombre de confianza del primer ministro para poner en jaque a la mayoría de Europa.
Economista perteneciente al llamado "clan de San Petersburgo" -cuna de Putin y escenario de su fulgurante carrera política-, Miller ha amasado una fortuna de varios millones de dólares. Utiliza además el poder que le otorga el control de Gazprom para acallar voces críticas y para ir comprando compañías de la competencia.
El retrato de este hombre tan poderoso lo firma el corresponsal del diario en Moscú, Rafael M.Mañueco:
"Cuando Vladímir Putin llegó al Kremlin, hace nueve años, se puso como meta restablecer el poderío de Rusia. Comprendió que el único terreno en el que su país aventaja con creces al resto del mundo es en el de las materias primas. El gas y el petróleo son las más abundantes. Su primera tarea fue nacionalizar lo más sustancioso del sector energético ruso y empezó con Gazprom. Se valió para ello de Alexéi Miller, paisano y uno de sus más fieles colaboradores desde la época en la que dirigió el departamento de relaciones exteriores de la Alcaldía de San Petersburgo.
Miller, que cumplirá 47 años el próximo día 31 y se licenció en Económicas, se puso a las órdenes de Putin en el Consistorio de la antigua capital imperial en 1991. Se le encomendó la misión de crear una zona económica especial en el entorno del aeropuerto de Púlkovo y propició la entrada en el país de Coca-Cola y de los primeros bancos extranjeros. A partir de 1996, dirigió el consejo de accionistas de un importante grupo hotelero.
Cuando era privada
En 1999, con Putin al frente del Gobierno, Miller fue nombrado director de la empresa que explota el oleoducto del Báltico. Su primer cargo en la Administración central lo obtuvo al año siguiente, cuando su mentor fue elegido presidente de Rusia. Se le confió el puesto de viceministro de Energía, pero lo desempeñó sólo unos meses. El 30 de abril de 2001, Miller se convirtió en el presidente de la junta directiva de Gazprom por orden directa de Putin. Y eso pese a que la compañía en aquel momento era todavía mayoritariamente privada.
El diario «Niezavísimaya Gazeta» escribía entonces que los accionistas no conocieron el nombre del candidato al que tenían que dar su apoyo hasta minutos antes de la votación y fue una sorpresa cuando lo supieron. Miller era casi un desconocido en los círculos de poder moscovitas. Su figura quedaba empequeñecida ante la de su antecesor en Gazprom, el carismático Rem Viájirev.
Pero Putin quería poner orden dentro del monopolio y acabar con la corrupción. Aunque gris, Miller tenía fama de honesto. Quienes le conocen consideran que es también un directivo disciplinado y cumplidor. Otros creen que es el miembro «más flojo» del equipo que formó en su día Anatoli Chubáis, el artífice de las privatizaciones de los años 90 y el vínculo con el Kremlin que catapultó al poder a Putin y al resto de los componentes del llamado «clan de San Petersburgo».
Pronto se puso de manifiesto que la razón principal por la que Gazprom fue confiado a Miller era su total lealtad a Putin. Se opinó que su paso por la cúpula del gigante energético era provisional. Los falsos rumores sobre su inminente destitución hicieron que el valor de las acciones de Gazprom cayera en numerosas ocasiones. Miller, sin embargo, ha resistido, aunque sin conseguir que la compañía sea más transparente y menos corrupta. Su cometido en estos años ha sido realmente hacer de Gazprom un instrumento de presión y coerción en manos del poder.
El dinero del inmenso monopolio sirvió para promover en Ucrania la candidatura de Víctor Yanukóvich, en las presidenciales de 2004, frente a la de Víctor Yúshenko. También para silenciar a los medios de comunicación críticos. A través de su filial Gazprom-Media, fueron adquiridos canales de televisión como la NTV, la legendaria emisora «Eco de Moscú» o rotativos tan emblemáticos como «Izvestia».
Bajo la batuta de Miller, Gazprom participó en la compra de Yuganskneftegaz, la principal filial extractora de Yukos. Con ello se asestó el golpe de gracia a la petrolera de Mijaíl Jodorkovski, quien cumple en la actualidad una condena de ocho años de prisión en un penal de Siberia. Los fondos del gigante energético sirvieron también para arrebatar a Shell la mitad de su participación en el proyecto Sajalín-2 y para apear a Román Abramóvich, dueño del equipo de fútbol londinense Chelsea, de la petrolera Sibneft.
Siguiendo las instrucciones del Kremlin, Miller empleó siempre el gas como elemento desestabilizador contra los líderes de Georgia y Ucrania, Mijaíl Saakashvili y Víctor Yúshenko. El primer corte en los suministros lo sufrió Ucrania en enero de 2006. En diciembre de ese mismo año, Gazprom subió al doble los precios del gas a Georgia. Por ello, el «holding» ruso no goza de muy buena imagen en Europa y suscita recelos depender excesivamente de su gas.
Miller, a quien se le atribuye una fortuna no demasiado abultada, unos cuantos millones de dólares, manda en la junta directiva de Gazprom, pero tuvo por encima en el consejo de accionistas hasta el año pasado al actual presidente de Rusia, Dmitri Medvédev".
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