Las pretensiones de Lukoil por comprar parte de las acciones de Repsol, suficientes para intentar la toma del control de la principal multinacional energética de España, motiva muchos comentarios editoriales y de reputados columnistas.
Uno de ellos, Joan Tapia, un periodista bien posicionado entre el stablishment socialista, ex director de La Vanguardia y ex asesor de Miguel Boyer, escribe hoy en El Periódico su columna semanal con este título: "Repsol, Lukoil y el mangoneo".
"La hipotética venta de un paquete de Repsol a Lukoil ha provocado una gran tormenta. Que una empresa rusa pueda llegar a ser el primer accionista de la petrolera merece debate. Pero en este caso flota también un prejuicio antirruso y el interés del PP en desacreditar la política de José Luis Rodríguez Zapatero (va a Washington, pero es tan poco patriota que vende a los rusos), de hacerle pagar su intento --no siempre bien planeado, todo hay que decirlo-- de arrebatarle parte del poder económico logrado en sus ocho años de gobierno. La historia empieza con aquella "amarga victoria" de José María Aznar en 1996. Entonces, su gran objetivo era no ser un paréntesis, permanecer. ¿Cómo? Reforzando sus palancas de poder. Se recuerda su intento de mandar en los medios de comunicación mediante la batalla contra Jesús Polanco, el gran editor liberal. Pero ha quedado algo olvidada su operación de control de las grandes empresas públicas cuya privatización había iniciado el PSOE. Aznar intuye una oportunidad de oro: poner gestores suyos (el Estado manda), luego privatizarlas y dejarlas blindadas. Así, Repsol, Telefónica, Endesa... quedarían en manos amigas para siempre. La privatización es, pues, la bandera bajo la que se monta una operación pura y dura de poder, que favorece su influencia sobre los media (publicidad, participaciones...) y que, unida a la fuerte implantación de la Asociación Profesional de la Magistratura en la judicatura, convierte a Aznar en un estadista temido e invencible. Y Aznar, y Rodrigo Rato, lo logran. En Repsol hacen presidente a Alfonso Cortina, un hombre de negocios próximo. Después privatizan y Cortina se convierte en amo y señor. Los grandes accionistas --La Caixa, BBV--, a chupar rueda. En Telefónica ponen a Juan Villalonga --el compañero de pupitre-- con un primer encargo: una plataforma digital para hundir a Polanco. Villalonga se comía el mundo, pero hubo que apartarlo porque se creyó el propietario, lo que originó la alarma tanto de Aznar como de los accionistas, otra vez BBV y La Caixa. En Endesa se puso en la presidencia a Rodolfo Martín Villa, luego a Manuel Pizarro, y se privatizó del todo. Y en Argentaria se recurrió a Paco González, amigo de Rato y exitoso operador bursátil (como Pizarro). Y Argentaria se fusionó con el BBV, confirmando que el pez chico se come al grande. Y, hay que reconocerlo, la mayoría de los gestores estaban elegidos por ser amigos, pero eran competentes.
PERO CUANDO el PSOE vuelve al poder, las cosas se mueven. El nuevo Gobierno no ve mal --al contrario-- que otros grupos planteen estrategias. En Repsol, La Caixa era el primer accionista, pero mandaba Cortina. Este es relevado por Antoni Brufau. Y La Caixa, a la que se impedía entrar en el sector eléctrico --el PP siempre la creyó al servicio de Jordi Pujol y el PSC--, decide que es el momento de que Gas Natural absorba Endesa. Y el PP convierte la famosa opa en la batalla de Stalingrado. Dice --lapsus de Esperanza Aguirre-- que Endesa no puede salir del territorio nacional, Pizarro enarbola la Constitución, recurren a Eu- ropa contra los rojos y apoyan a Eon (antes alemana que catalana). Pierden, pero venden cara la derrota: el equipo de ZP muestra grietas, y la solución final --con la pública italiana Enel y Acciona-- no es brillante.
En el BBVA hay un intento de Sacyr y de Juan Abelló (¡insigne socialista!) de echar a Paco González, que aborta la operación con rapidez. Pero, pese a que Pedro Solbes y Miguel A. Fernández Ordóñez se oponen, queda alguna huella de Miguel Sebastián. Y Luis del Rivero (Sacyr) deviene el primer accionista de Repsol en el momento en que las grandes constructoras son las amas del universo. La entrada de Rivero en Repsol no va contra el PP, porque Brufau ya es presidente. Se debe a que La Caixa no quiere aumentar su inversión y a que el Gobierno prefiere que Repsol --una petrolera de segunda a nivel mundial-- no caiga bajo control extranjero.
Pero las cosas ya no son como en el 2005. La construcción no es lo que fue y hay crisis crediticia. Y Sacyr debe vender Repsol (está apalancado) si no quiere acabar como Hábitat. Y el PP ha visto en Lukoil, una privada rusa con injerto americano, otra oportunidad de oro: atacando la venta de Sacyr a Lukoil puede proclamar que Zapatero, por su poca cabeza, vende España a los rusos. Y puede hacerle pagar Repsol, Endesa...
LA ENTRADA de Lukoil no es una buena solución, pero pude ser la menos mala. Repsol es privada, ¿cómo evitar que Sacyr venda al mejor postor? Además, como dice Brufau, los pactos accionariales impiden que Lukoil mande si no lanza una opa. ¿Se puede evitar la entrada de Lukoil con la vuelta del Estado? Miguel Boyer, nada sospechoso de estatismo, dice que sí y que fue un error, una ingenuidad, la privatización total de Repsol (ni Francia ni Italia han abandonado sus compañías energéticas). Pero ¿cómo se puede obligar a una empresa privada a vender a un precio inferior? Y ¿puede el Estado comprar por encima del valor bursátil? No es fácil. En todo caso --en esto José Blanco tiene razón-- la privatización no la hizo Zapatero, sino Aznar. Y no por ingenuidad.
El PP acusa a Zapatero y Sebastián de ser aprendices de brujo. Tal vez. Aznar, un auténtico brujo, y Zapatero, ¿un aprendiz? En los medios de comunicación no hay duda. Y es que la derecha tiene experiencia de mangoneo. Los socialistas, más inexpertos, tienden a meter la pata. Y encima se dejan intimidar y no se saben defender".