Esta mañana se ha celebrado en Moscú el desfile conmemorativo del final de la Segunda Guerra Mundial. Se han producido dos novedades relevantes. De un lado, la connivencia entre el nuevo presidente, Medvedev, y el nuevo papel de Putin como número dos del régimen. Por otro lado, por primera vez desde 1990 han desfilado vehículos blindados provistos de misiles nucleares en una exhibición de fuerza a la que no es ajena la posición belicista y ultranacionalista impuesta estos años por Putin y el conflicto larvado con Georgia a costa del apoyo ruso a las regiones separatistas de Osetia y Abjasia.
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