El nuevo presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, tiene una ocasión de oro para manifestar un perfil propio, alejado del heredado de Putin. Pero, claro, tiene que hacer realidad aquello que anuncia, si no se quedará en buenas palabras. Por ejemplo con la justicia.
Medvedev ha ordenado luchar contra la corrupción judicial con el fin de que "los tribunales sean independientes" y que sólo estrén sometidos al imperio de la ley.
Iuri Schmidt, abogado de Khodorkovsky, ha expresado su deseo de que "Medvedev pueda realizar sus planes" y recordó que su cliente, el ex-propietario de la petrolera Yukos, fue condenado por causas fabricadas por razones políticas.