Llatzer Moix, jefe de cultura de La Vanguardia, trae en su columna de los domingos algunas novedades literarias de Rusia no excesivamente del agrado del poder:
Beigbeder describe el nuevo corazón de las tinieblas que late en MoscúLena Doicheva tiene catorce años, pelo amarillo, "dientes sanos como almendras acabadas de pelar", una cara aniñada y "un cuerpo que contradice su cara". Lena es el último, insuperable y fatal hallazgo de Octave Parango, un francés afincado en Moscú, donde ejerce de "fashista". Es decir, de "facha fashion", de ojeador y reclutador de tiernas pero opulentas beldades, destinadas a las agencias de modelos de Occidente. Y, en última instancia (y en el mejor de los casos), a los más glamurosos anuncios de lencería o perfumes.
Lena y Octave son los personajes centrales de Socorro, perdón,la última novela de Frédéric Beigbeder. Este autor francés saltó aquí a la fama en el 2001, cuando publicó 13,99 euros (también editada por Anagrama y protagonizada por Parango). Se trataba de un vitriólico retrato del mundo de la publicidad, con afirmaciones como estas: "Los políticos ya no controlan nada; es la economía la que gobierna. El marketing es una perversión de la democracia: es la orquesta la que manda sobre el director".
En Socorro, perdón,y a partir de las pesquisas de Parango en pos de carne fresca, Beigbeder critica duramente nuestra sociedad, en la que el capitalismo estaría siendo sustituido por "una plutocracia deseísta" - de deseo-, y en la que siglos de humanismo estarían siendo "pulverizados por una utopía comercial", con resultados de hiperconsumismo y nihilismo, conectados a veces al terrorismo genocida.
¿Les parece excesivo? Quizás lo parezca. Además, Beigbeder no es Tolstoi: no describe la realidad moscovita de hoy con la amplitud de foco y la majestuosidad con que el autor de Guerra y paz abordaba la vida de los Bolkonski y los Rostov cuando la batalla de Borodino. Por el contrario, la escritura de Beigbeder es fragmentaria y ansiosa como un anuncio televisivo. Ahora bien, pese a todo ello, Socorro, perdón logra suscitar una razonable gama de temores ante los poderosos actuales y ante nuestra complicidad pasiva con ellos. Y constituye, además, una estimable aproximación a ese nuevo corazón de las tinieblas que late ahora en Moscú.
Por si cupiera alguna duda sobre las citadas tinieblas, ahí está otro libro reciente, McMafia. El crimen sin fronteras (Destino) de Misha Glenny. Esta vez nos referimos a una obra periodística, sin margen para la ficción, en la que se describe el presente del fenómeno mafioso. No el de la tradicional mafia italo-americana, sino el de una mafia nueva y global, con polos en India, en los emiratos o, sobre todo, en Rusia y los países que fueron sus satélites. El relato de Glenny sobre esta mafia basada en la alianza de delincuentes, hombres de negocios, zares de la energía y políticos de alto nivel es, por decirlo de modo suave, alarmante. Y viene a confirmar que bajo la superficie de rostros hermosos y orgullos nacionales que hoy exporta Rusia actúan poderes terribles.
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