Dos días después de las elecciones presidenciales en Rusia arrecian las críticas sobre un proceso electoral anómalo.
"No puede decirse que hayan sido transparentes, justas y libres" dice respecto a los comicios el editorial de La Vanguardia "una Rusia bicéfala":
TAL como pronosticaron las encuestas, Dimitri Medvedev se ha convertido en el presidente de Rusia en unas elecciones que, aunque hayan sido sancionadas por los observadores occidentales, no puede decirse que hayan sido transparentes, justas y libres. El delfín de Putin, 42 años, ha obtenido el 70% de los votos, con una participación que ha rozado, también, el 70%. Es cierto que ha superado los votos de su predecesor en el 2004, pero también es cierto que la manipulación informativa durante la campaña ensombrece su victoria.Resuelto el temor sobre una baja participación que pudiera haberlas deslegitimado, se abre ahora la incógnita de cómo gestionará Medvedev la bicefalia con su mentor y ex presidente, Vladimir Putin, como primer ministro. En sus primeras declaraciones, el flamante presidente electo, tras afirmar que su política será continuista, aseguró que no tiene intención de redistribuir las competencias presidenciales. Los poderes del presidente se han reforzado durante el mandato de Putin y sus competencias en Seguridad, Defensa, Interior, Exteriores y Justicia le convierten sin duda en la pieza clave y principal del entramado político y administrativo de la Federación. Por tanto, si Medvedev asume su papel, Putin quedará relegado a un segundo nivel, una posibilidad que levanta muchos interrogantes, máxime después de que, en la última etapa, el Kremlin ha vuelto a reforzar la figura del primer ministro.
La segunda cuestión, muy ligada a la primera, es quién dirigirá la estrategia de desarrollo. Es decir, si será Putin quien gestionará el plan de modernización del país que él inició en el 2000, periodo en el que Rusia ha crecido una media del 8% anual gracias al alza de los precios de la energía. En este tiempo, Putin ha forjado la aparición de una incipiente clase media, a la sombra de los grandes monopolios y de los empresarios afines. Rusia Unida, el partido creado por un conglomerado de técnicos y funcionarios cuyo único objetivo es el poder, es el que ha dado forma política a esta nueva clase, que no sólo ha rescatado al país de las ruinas de la antigua Unión Soviética, sino que se jacta con toques nacionalistas de haber recuperado el respeto del mundo. Putin es el líder de ese sector, que puede chocar con las esperanzas reformistas que ha levantado la elección de Medvedev. Unas esperanzas basadas en declaraciones en las que el nuevo presidente ha dicho que la libertad debe ser el principio básico de la política de Estado. La libertad, precisó, "personal, política y de expresión", en todas sus manifestaciones. También se declaró partidario de "defender la independencia real de los medios de comunicación" y señaló que "la corrupción es la más grave enfermedad", contra la que hay que dar "una verdadera batalla".
El reformista Medvedev deberá compartir el poder con el autoritario Putin, una bicefalia que algunos analistas consideran inviable.
A todo esto, los observadores extranjeros critican las elecciones. Los comisionados que aaceptaron las condiciones impuestas por el Kremñlin para hacer su trabajo denuncian la falta de libertad de voto.
Lo explica El Periódico.
La policía, además. cargó ayer contra los manifestantes que protestaban contra lo que consideraban un escrutinio irregular. Sobre este tema tenemos las crónicas de La Vanguardia y Avui.
AFP
Mientras tanto, en un ejercicio de pragmatismo, las potencias occidentales se preparan para colaborar con el nuevo presidente. Lo explica El País.
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