El Periódico explica cómo el culto a la personalidad está presente incluso en la despensa de las casas de Rusia. Botes de calabacín con el nombre de Putin o ravioles etiquetados Stalin son un ejemplo. "No es un malsano patriotismo -dice el cronista Dmitri Polikárpov- sino que el culto al presidente tiene una sólida base comercial". Eso sí, esta avez parece que Putin no está detrás de la operación, sino que es fruto de iniciativas privadas y espontáneas.
Esta es la crónica:
Los calabacines Putin y los raviolis Stalin DMITRI Polikárpov. Me gusta mucho el calabacín guisado. Lo compro a menudo en una tienda de al lado de casa y siempre me fío de una misma marca. En cambio, a mi mujer le gusta cambiar. La semana pasada la dependienta le recomendó que probara un producto nuevo. Cogió un bote sin apenas mirarlo. Cuando me lo ofreció a la hora de comer, me quedé perplejo. No podía creer lo que veían mis propios ojos. Calabacines caseros Putin, ponía en la etiqueta, decorada con una espada, el símbolo perfectamente reconocible del todopoderoso KGB soviético.Cuando fui a la tienda, lleno de curiosidad, encontré en la estantería toda una familia de conservas de hortalizas que llevan el nombre del presidente ruso. Había judías Putin a la mexicana, judías Putin en salsa de tomate, pasta de berenjenas Putin, y, cómo no, el calabacín guisado Putin. "Se vende muy bien. Verá que mañana estará agotado. Si Putin ya está por todas partes, qué más da que esté también en las etiquetas", me dijo la dependienta.
Hoy en día, para un comercio tener en el escaparate un producto de la línea Putin es algo así como enarbolar la bandera nacional. Pero no solo se trata de malsano patriotismo. El culto al líder ruso tiene una sólida base comercial. Actualmente, Putin y los servicios secretos son las dos marcas registradas que mejor se venden en un país que solo hace 17 años detestaba el legado del temible Stalin, que había puesto toda la URSS bajo control de los chekisti, los agentes de los servicios especiales.
A pesar de que Putin, a diferencia de su predecesor, Boris Yeltsin, ha sido un presidente sobrio, hay un vodka muy popular que se llama Putinka. Pero si lo del aguardiente parece inevitable, dado que es la bebida más popular que se llama como el hombre más popular, lo de las conservas es algo bastante nuevo. Este año han aparecido líneas enteras de productos de alimentación que llevan en la etiqueta el nombre del presidente, así como la espada y el escudo (los símbolos de los servicios secretos comunistas, heredados por sus sucesores). Lo más curioso es que a casi nadie le sorprende.
Naturalmente, el Kremlin no tiene nada que ver con la mayor parte de estas iniciativas para comercializar la enorme popularidad de Putin. En teoría, el presidente en funciones incluso podría demandar a algunos de los productores que explotan su nombre descaradamente. Pero nadie lo entendería. Significaría ir a contracorriente en un país que adora a su líder hasta el extremo de pedirle que se quedara en el poder para siempre.
Pero ya empieza a haber competencia. En la ciudad de Nizhni Nóvgorod ha comenzado la producción de los pelmeni (una especie de ravioli a la rusa) de Stalin, que llevan un retrato del dictador más temible del siglo XX sobre el envase. "La vida se ha hecho mejor, la vida se ha hecho más alegre", afirma el caudillo, recordando una de sus famosas frases. Siendo un producto barato, los pelmeni de Stalin tienen mucho éxito en la Rusia profunda. No es de extrañar, dado que el 39% de la población admira al personaje que ha dado el nombre al producto, según un reciente estudio nacional.
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