Una ley y un orden que no gustan

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Viñeta humorística de Kommersant, reproducida por Le Monde.

Sigue la racha de artículos críticos con el autoritarismo y el nepotismo instalados en el Kremlin. Ahora es el editorial de hoy de La Vanguardia el que a la hora de valorar los logros de Putin desde un punto de vista de la seguridad interior y del liderazgo energético acaba concluyendo como la revista Time que le ha declarado "personaje del año" que, en cualquier caso, no es un modelo a seguir.

Veamos este editorial del diario catalán:

Putin, el orden y la libertad

La revista estadounidense Time ha designado personaje del año al presidente ruso, Vladimir Putin. Simultáneamente los editores del semanario han querido desmarcarse de la polémica por dicha decisión al matizar que tal elección no es ni ha sido nunca un honor ni un apoyo, sino "el reconocimiento de los individuos más poderosos del mundo, para lo bueno o para lo malo".

Y no le falta razón a la prestigiosa publicación. Con los ojos de Occidente, Putin difícilmente puede ser considerado un demócrata. Concentra en sus manos prácticamente todo el poder, no le tiembla el pulso para recortar libertades, controla los medios de comunicación, reprime sin contemplaciones a la oposición y arrasa en unas elecciones puestas bajo sospecha por la comunidad internacional. En Estados Unidos y en la Unión Europea preocupan la deriva política y las luchas de poder en el Kremlin, y sobre todo que el líder ruso haya resucitado el lenguaje de la guerra fría con una escalada verbal y de hechos contra Occidente, como la retirada de su país del tratado de Fuerzas Convencionales o la reanudación de los vuelos de los bombarderos nucleares rusos.

En Rusia, por el contrario, Putin - 55 años, ex espía del KGB, ex jefe de los servicios secretos rusos, primer ministro con Yeltsin y luego sucesor de este al frente del país desde 1999- cuenta con un enorme apoyo popular. Sus compatriotas lo ven como el hombre que puso fin al caos de la época Yeltsin, el político que ha devuelto al país el orgullo patrio con un lenguaje hipernacionalista, el estadista que ha elevado el nivel de vida de la nación - aunque amplios sectores sigan en la pobreza- gracias a la subida del precio del petróleo y del gas. Putin ha traído estabilidad a Rusia con una consigna muy clara: anteponer el orden a la libertad.

Y la guinda ha sido su aceptación del cargo de futuro primer ministro tras haber designado al hombre - su amigo íntimo Dimitri Medvedev- que le sucederá con total seguridad en el Kremlin. Putin se asegura así seguir controlando los hilos del poder, aunque son numerosos los politólogos que coinciden en que él es el único que puede hacer de árbitro de las tensiones que surjan entre las diversas familias políticas de su entorno. Putin y Medvedev jugarán la misma partida mientras no haya colisión de intereses. Además, su futuro cargo al frente del Gobierno es compatible con la dirección de una empresa pública y la prensa rusa ya da por hecho su nombramiento como presidente de Gazprom, la primera empresa gasística del mundo.

Por todo ello no debe extrañar que Time le defina como "el zar de la nueva Rusia", "un hombre de acero y determinado" y el político que "ha vuelto a poner a Rusia en el tablero del poder mundial". La revista reconoce pues la importancia mundial del personaje, lo que no significa que a su juicio - ampliamente compartido- sea un modelo que seguir.

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