"Putin no ha muerto, viva Medvedev" titula su artículo en El Periódico el diputado del PP Jesús López-Medel. Presidente de la comisión de derechos humanos y democracia de la Asamblea de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), es de los pocos observadores internacionales que pudieron supervisar el proceso electoral del pasado 2 de diciembre. Fue muy crítico con la represión y las dificultades puestas a la oposición y ahora esboza en este artículo qué se esconde tras el triunfo del partido de Putin.y la promoción de Medvedev.
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Jesús López Medel, diputado y miembro de la OSCE
Medvedev, el fiel escudero
También es crítico el artículo que publica hoy Enrique Clemente en La Voz de Galicia sobre Medvedev, calificado de "fiel escudero".
Dmitri Medvedev siempre ha llamado de usted a Putin -13 años mayor-, que sin embargo lo tutea. La relación entre ambos es semejante a la del hermano pequeño con el mayor. Ambos son de Leningrado (la actual San Petersburgo), estudiaron en la misma universidad y llevan 17 años trabajando juntos. Putin lo llamó a su lado en Moscú cuando se hizo con el poder hace ocho años y lo ha propulsado escalón a escalón en el Kremlin. Actualmente es su viceprimer ministro y mandamás del gigante energético Gazprom. Lo apodan el gran visir de Putin porque ningún papel llega a la mesa del presidente sin que pase antes por él. Pero por encima de todo, es un hombre que ha demostrado una lealtad casi perruna a su patrono, Putin. Este puede contar -o al menos así lo cree- con la fidelidad de este joven jurista nato -como le califican- de solo 42 años. Por eso, sobre todo, lo ha nombrado para sucederle una vez que supere el trámite de ganar las elecciones presidenciales de marzo, algo que nadie pone en duda. Paradójicamente, Putin será el primer ministro, es decir el subordinado, de su delfín.Un tecnócrata liberal
Todos se preguntan quién es este hombre desconocido que se situará al frente de una inquietante Rusia, cada vez más autoritaria y amenazante. El dato más importante es que Medvedev no pertenece a los siloviki, la nueva casta de dirigentes salidos del KGB y de su sucesora, la FSB, a los que Putin ha promovido a los puestos claves del poder. Es del clan opuesto, un tecnócrata, un liberal pragmático, un «centrista conservador», según sus propias palabras. Se le considera el más liberal de la llamada corporación Putin que gobierna el país.
La gran incógnita es saber cómo se van a repartir las tareas. Muchos creen que el ex espía del KGB será quien en realidad maneje los hilos del poder. El argumento que aducen es que Medvedev no tiene experiencia en política exterior y, sobre todo, no cuenta con apoyos dentro de los siloviki, por lo que deberá acudir a Putin para controlarlos. Alegan que será un presidente muy dependiente de su primer ministro, como Luis XIII de Richelieu.
Pero no hay que olvidar que el presidente es quien realmente tiene el poder en Rusia. Medvedev es un hombre de temperamento reservado y modales suaves que, según quienes lo conocen, encubren a un burócrata de una gran dureza y una enorme vanidad. Cuando un político, como será su caso, recibe el maletín nuclear, es el jefe de las Fuerzas Armadas, decide los nombramientos de los hombres de uniforme (ejército, servicios de seguridad, Interior), puede disolver el Parlamento y despedir al primer ministro es difícil ser la marioneta de otro. Pero con Putin nada es imposible. Ni mucho menos. Parecería que este ha preferido a los liberales, más bien a los tecnócratas moderados, en detrimento de los siloviki, ya que no ha designado a su adalid, el ex ministro de Defensa Serguei Ivanov. Pero no hace falta ser muy maquiavélico para observar que siempre será más manipulable un presunto peso pluma como Medvedev que un rival potencial.
Medvedev entró en política en 1990 como asesor del alcalde de su ciudad natal, Anatoli Sobchak. Allí trabó amistad con Putin, que también asesoraba al ascendente político liberal. Cuando este fue nombrado primer ministro en 1999 se lo llevó a Moscú como jefe del aparato administrativo del gabinete de ministros, un puesto clave en el Gobierno. Era un miembro destacado de lo que se comenzaba a llamar el equipo de Peter -diminutivo de San Petersburgo-, los hombres de la antigua capital imperial que Putin llamó para trabajar con él. Tanta confianza tenía en Medvedev que lo puso al frente de la campaña electoral que le valió la Presidencia de Rusia.Dmitri Medvedev, el candidato al Kremlin
Bueno para Occidente
Desde que Putin lo designó en el 2005 como viceprimer ministro encargado de los programas nacionales de vivienda, sanidad, educación, agricultura y demografía, Medvedev ha salido mucho en las televisiones, férreamente controladas por el Gobierno, visitando fábricas y granjas. Se trataba de crearse una imagen de eficacia, aunque algunos han criticado su gestión, que ha abusado de la propaganda, el derroche y la falta de sistema.
Amante del rock duro, la fotografía y la halterofilia, donde ha conseguido varios trofeos, está casado con Svetlana, a la que conoció en el colegio y con quien tiene un hijo de 12 años. Esta licenciada en Finanzas fue condecorada por la Iglesia ortodoxa por sus actividades benéficas.
Los analistas señalan que la designación de Medvedev es una buena noticia para Occidente y el mundo de los negocios, ya que no se trata de un peligroso nacionalista. Cuando Putin habló de las cualidades que debía reunir su sucesor dijo que tenía que ser «moderno, joven, profesional y con perspectiva», atributos que parece reunir. Nadie cree, en cualquier caso, que tenga la menor intención de democratizar el país.
Cómo se comportará Medvedev cuando sea presidente es una incógnita, pero la historia enseña que el carisma se suele conseguir cuando se tiene el poder.
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