Rusia, Irán y Venezuela, un trío poco de fiar

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Irán, Rusia y Venezuela son países productores y exportadores de energía. Los tres gozan de un dominio energético que les hace temibles. También se distinguen los tres por tener regímenes políticos de transparencia política limitada o nula. Rosendo Fraga escribe en Diario Exterior sobre los desafíos que llegan de estos tres países aliados.

pipeline.jpg Gaseoducto
Una mirada al mundo en términos estratégicos al terminar 2007 muestra que Rusia constituye el mayor desafío estratégico a Occidente en el escenario euroasiático, Irán es hoy el conflicto más importante en Medio Oriente, y Venezuela el problema en América Latina.

Se trata de tres países que están teniendo un rol político estratégico muy superior a la importancia de su economía, por una misma razón: los precios de la energía. Las tres naciones cuentan con grandes reservas de petróleo y gas, cuyos precios han aumentado significativamente en los años recientes.

Una mirada hacia el pasado muestra la importancia política que han tenido los precios de la energía.

La URSS se derrumba entre 1989 y 1990, con su disolución y la caída del muro. A su vez, el régimen de partidos venezolano comienza a declinar exactamente en el mismo momento: el primero de esos años tiene lugar el Caracazo, y luego se produce el primer golpe fallido de Chávez.

En ese momento, el precio del petróleo llegó a tocar un piso de 14 dólares. Es probable que con petróleo a 40 o 50, la URSS hubiera podido dilatar su crisis y la partidocracia venezolana prolongar algún tiempo su sobrevivencia. Con el petróleo a 90 dólares como hoy, dichos regimenes políticos hasta pudieran haberse mantenido vigorosos, porque hubieran estado en condiciones económicas de seguir financiando su ineficiencia.

Sin embargo, si bien hay un hilo conductor en la significación alcanzada por estos tres países, los liderazgos políticos son diferentes.

La revista Time ha elegido recientemente a Putin como el hombre del año. Tras diez años de ejercicio del poder como Presidente, se apronta a seguir ejerciéndolo, pasando a ser Primer Ministro.

Además de ser un profundo conocedor de los mecanismos del Estado ruso, como avezado agente de la KGB comprende el legado histórico y cultural de su nación y es así como busca estar presente en las conmemoraciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa, un factor gravitante en la entidad nacional.

La economía rusa es mucho menor que la china y la población es también ocho veces menor. Pero Rusia es proveedor de armas tanto de China como de la India.

El despliegue del escudo antimisiles de EE.UU. en Polonia y República Checa constituye el detonante del conflicto estratégico. Es que, siguiendo el legado diplomático de los zares, Putin busca recuperar el control político de las ex repúblicas soviéticas y neutralizar la Europa Oriental.

El mandatario ruso es también un gran conocedor de la importancia estratégica de los recursos energéticos, algo que no se contemplaba en el tiempo de los zares. Sabe muy bien que Europa es dependiente del gas y que, combinando la necesidad que este continente tiene de la importación de Rusia y de Argelia, se pueden imponer condiciones al viejo continente.

El Presidente iraní, por su parte, aparece como un jugador audaz, pero con una oposición interna mucho más fuerte que en el caso ruso.

Las protestas estudiantiles y de los sectores medios occidentalizados, junto con los triunfos electorales de los fundamentalistas reformistas que lo critican -que pueden repetirse el próximo 24 de marzo- hacen al régimen iraní mucho más débil que el ruso.

A su vez, el presidente Chávez se encuentra en su peor momento político, tras la derrota en el referéndum que dio por tierra con su proyecto de reelección indefinida al estilo cubano. Asimismo, enfrenta una compleja situación ante la denuncia de que secuestrados en manos de las FARC -como Ingrid Betancourt- hayan estado en bases de descanso de la guerrilla colombiana en Venezuela. A ello se suma un grave escándalo de corrupción por negocios poco transparentes con la Argentina, que puede tener consecuencias imprevisibles en la justicia americana.

Los tres mandatarios se benefician por igual del petróleo a 90 dólares. Sin embargo, Putin es un jugador frío, preciso y eficaz, con una gran percepción de la historia y la cultura de su país; Ahmadinejad es un jugador audaz que no logra un liderazgo unificador; y Chávez puede ser un fenómeno político cuya declinación acaba de comenzar.

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